Ángel Sánchez: “Miami me devolvió lo que Nueva York no podía darme»
El diseñador venezolano más importante del mundo habla sobre legado, reinvención y lo que esta ciudad le dio que Nueva York nunca pudo ofrecerle

Fotografías: Román Quijano @romanqmedia
Nació en Valera, Venezuela, en 1960, en el taller de costura de su madre. Estudió arquitectura, pero la moda lo reclamó con una urgencia que los planos no podían contener. A mediados de los noventa dejó Venezuela y aterrizó en Nueva York sin nombre ni garantías. Lo que construyó desde cero es hoy una de las carreras más sólidas de la moda latina en Estados Unidos: sus diseños han vestido a Sandra Bullock, Meryl Streep, Eva Longoria y Taylor Swift; integra el CFDA y es considerado uno de los diez mejores diseñadores del país.
Hace ocho años abandonó Manhattan para instalarse en Miami. Lo que parecía un retiro resultó ser su reinvención más audaz. Hoy presenta (traces), su colección más personal, nacida de un encuentro con Ralph Pucci en su galería del Design District.

Llevas más de 35 años en la moda. ¿Cuál fue el momento que lo cambió todo?
Cuando en 1994 mostré mi primera colección en Nueva York y me la compraron. Pero el momento que me formó fue el que vino justo después: entender que en Venezuela yo era alguien, y aquí no era nadie. Esa humildad fue traumática de aprender. Y fue la lección más importante de mi carrera. No es tan difícil entrar en este negocio —lo difícil es permanecer.
¿Cómo vive tu mirada arquitectónica en tus colecciones?
La arquitectura me enseñó a pensar en proporciones y estructura. Cuando diseño un vestido, el razonamiento es el mismo: cómo la tela sostiene, cómo la silueta dialoga con el cuerpo. Pero la moda me dio algo que la arquitectura no tiene: velocidad. Soy el diseñador que soy porque primero fui arquitecto.
“Dejé el éxito que tenía en Venezuela para empezar de cero en una de las ciudades más exigentes del mundo. Esa decisión cambió completamente mi destino como diseñador y como persona.”

¿Qué viste en Miami que los demás no veían?
La decisión fue más personal que profesional. Pero resultó ser la más acertada. Después de 2020 Miami se transformó: apareció un cliente sofisticado que llegó del norte, y al mismo tiempo me reencontré con mis clientes históricos en Venezuela, México, Colombia, toda Centroamérica. Miami resultó ser el centro exacto de todo lo que necesitaba.
Miami te dio el Iberoamérica Fashion Award hace más de 25 años y con ese cheque te fuiste a Nueva York. ¿Qué significa volver?
Es lo que más me emociona de este capítulo. Miami me dio ese reconocimiento, y yo lo usé como trampolín para irme, porque pensé que esta ciudad no tenía lo que yo necesitaba para crecer. Hoy estoy aquí, y de alguna manera estoy saldando una deuda. Pero también estoy enviando un mensaje: lo que yo no encontré aquí hace 25 años hoy existe, y está disponible para cualquier diseñador latino con talento y con visión. Miami cambió radicalmente. Y yo cambié con ella.
“Miami no es la Quinta Avenida ni Madison Avenue. Pero es el Design District, es MiMo, es Art Basel. Es una vitrina internacional completamente nueva.”
¿Cómo nació (traces) de una conversación con Ralph Pucci?
Estaba en su galería cuando se me acercó y me dijo: «Esta galería es tuya. Quisiera que muestres aquí tus nuevas ideas.» Eso se convirtió en un reto inmediato. Me inspiré en el lenguaje de los artistas de la galería y presenté la colección al estilo de los couturiers de los cincuenta: íntima, donde se pudiesen apreciar los cortes, las texturas, el movimiento. Fueron cuatro meses de trance creativo. Salí siendo un diseñador distinto.

¿Ha cambiado Miami tu estética y qué te ha dado más allá del trabajo?
Hoy mis colores son más tropicales, más libres. Miami entró en mis colecciones sin que yo lo planificara —esto es lo que soy ahora, y es la versión más honesta de mí mismo. Pero más allá de la estética, Miami me devolvió algo esencial: paz. Una paz que me hacía falta después de dos décadas de vértigo en Nueva York. Esa serenidad se traduce directamente en el trabajo.
Ángel Sánchez define a la Ciudad del Sol en tres palabras
Familia · Futuro · Oportunidades




