Kyoto: el arte de la calma infinita
La antigua capital de Japón ofrece un viaje sensorial por una ciudad en donde el lujo se siente entre jardines zen y santuarios sagrados
Elia Vanessa Moreno
Un escape milenario. Kyoto es conocida como “la ciudad de los 10.000 santuarios”; cuna de la tradición japonesa, fue la capital del Imperio por más de un siglo y, en la actualidad, es el hogar cultural e histórico de la nación nipona.
Destaca por su belleza natural, gracias a sus jardines el bosque de bambú de Arashiyama y sus icónicos cerezos en flor (sakura) en primavera.
Pero, ¿cómo vive una experiencia inolvidable un explorador intrépido? Kyoto es una ciudad llena de historia e intriga. Con antiguos santuarios y templos de oro, nada te prepara para sus contrastes.

Alojarse en esta ciudad ha dejado de ser una simple elección de hotel para convertirse en una inmersión espiritual. El Aman Kyoto, oculto en un jardín secreto al pie de la montaña de Hidari Daimonji, ofrece suites que son auténticos poemas de madera de cedro y minimalismo.
Paladares con historia
La gastronomía en la ciudad es un ritual. La comida es famosa por su refinamiento y por tener una presentación artística; además de el uso de productos locales y de temporada, reflejando la cultura japonesa tradicional (Washoku).
Uno de los restaurantes más destacados es el Hyotei. Con sus tres estrellas Michelin y cuatro siglos de historia, sigue siendo la parada obligatoria para degustar el menú kaiseki más auténtico del mundo.

Para una propuesta más contemporánea pero igualmente exclusiva, Tempura Mizuki eleva el arte del rebozado a niveles celestiales, mientras que los amantes del sushi más íntimo encuentran su refugio en los mostradores de madera de hinoki de los barrios de Gion y Pontocho, donde conseguir una reserva es el nuevo símbolo de estatus.
Una aventura extraordinaria
Kyoto es una experiencia que se centra en lo privado y en el acceso exclusivo a los templos más icónicos.
Una alternativa imperdible es una visita privada al amanecer a templos como el Kinkaku-ji (Pabellón Dorado) antes de la apertura al público, acompañados por un monje zen.

También puedes participar en una ceremonia tradicional de té matcha, en un un jardín tranquilo; o relajarte en un ryokan -una posada tradicional japonesa- con un onsen privado (un término japonés para las fuentes termales naturales calentadas por actividad volcánica).
Para algo menos espiritual, puedes visitar la Torre de Kioto. Otra opción es el Museo del Ferrocarril de Kioto, donde podrás subir a bordo de trenes antiguos y aprender sobre la rica historia de los ferrocarriles de Japón. Incluso puedes probar suerte en un simulador de trenes.
¡Síguenos en Instagram! @velvet_magazine.




