Adiós al genio del surrealismo mexicano
Pedro Friedeberg falleció a los 90 años en Guanajuato, dejando un legado imborrable donde el arte, el diseño y la ironía transformaron la estética de México
Elia Vanessa Moreno
El mundo del arte pierde a uno de sus visionarios más singulares. Pedro Friedeberg, el último gran exponente del surrealismo en México, falleció en su refugio creativo de San Miguel de Allende, Guanajuato. De origen italo-alemán pero mexicano de corazón, Friedeberg desafió la solemnidad del arte moderno con una mezcla explosiva de psicodelia, geometría y humor negro.
Aunque su obra es vasta, ninguna pieza es tan universal como La Silla Mano. Creada en 1962, esta escultura funcional —diseñada para que el usuario se sentara literalmente en la palma de una mano— rompió las barreras entre el diseño industrial y las bellas artes. Se convirtió en un objeto de culto coleccionado por celebridades y expuesto en los museos más importantes del mundo.

Un icono deliberadamente extraño
Friedeberg no se limitó al mobiliario; su universo se expandió al arte, con composiciones arquitectónicas imposibles, llenas de perspectivas falsas y simbología esotérica, o figuras que mezclan lo sagrado con lo profano, a menudo utilizando pan de oro y colores vibrantes.
Junto a Mathias Goeritz, escultor polaco radicado en México, fundó el grupo “Los Hartos” que protestaba contra la excesiva racionalidad del arte funcionalista. Fue expulsado de la carrera de Arquitectura en la Universidad Iberoamericana porque sus planos incluían elementos fantásticos que los profesores consideraban «imposibles de construir».

A pesar de ser un ícono pop, Friedeberg solía decir que odiaba el «buen gusto» convencional, prefiriendo lo abigarrado, lo barroco y lo deliberadamente extraño.
Identidad Mexicana
Friedeberg le dio a México una identidad visual distinta a la del muralismo político. Su obra inyectó sofisticación lúdica y una estética cosmopolita que hoy es referencia obligada para diseñadores gráficos y arquitectos. Su influencia se siente en la moda, el interiorismo y la forma en que entendemos el arte como un juego serio.

Se va un hombre que veía el mundo a través de caleidoscopios, recordándonos que la realidad es mucho más divertida cuando decidimos ignorar sus reglas.
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